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		<title>Gospel Translations - User contributions [en]</title>
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		<id>http://gospeltranslation.org/wiki/The_Sovereignty_of_God_and_Prayer/es</id>
		<title>The Sovereignty of God and Prayer/es</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;Vrsan: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''{{info|La soberanía de Dios y la oración}}&amp;lt;br&amp;gt;''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por John Piper &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A menudo me preguntan, “Si crees que Dios obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad (Efesios 1:11) y que su conocimiento de las cosas pasadas, presentes y futuras es infalible entonces, ¿de qué sirve rezar para que algo ocurra?”. Normalmente, me hacen esta pregunta en referencia a la decisión humana: “Si Dios predestinó a algunos a ser sus hijos y los escogió antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4,5), entonces, ¿de qué sirve rezar para que alguien se convierta?” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El argumento implícito aquí es que, si la oración es si quiera posible, el hombre debe tener el poder de la autodeterminación. Es decir, que todas las decisiones del hombre deben pertenecer, en definitiva, al propio hombre y no a Dios. De lo contrario, el hombre está determinado por Dios y todas sus decisiones están, en realidad, fijas en el consejo eterno de Dios. Examinemos si este argumento es razonable analizando el ejemplo que hemos citado más arriba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. “¿Por qué rezar para que alguien se convierta si Dios ha elegido, antes de la fundación del mundo, quiénes serán sus hijos? Una persona necesitada de conversión está “muerta en sus delitos y pecados” (Efesios 2:1); es “esclava del pecado” (Romanos 6:17; Juan 8:34); “el dios de este mundo ha cegado su mente para que no pueda ver el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Corintios 4:4); su corazón está endurecido contra Dios (Efesios 4:18) y es hostil hacia Dios y se rebela contra la voluntad de Dios (Romanos 8:7). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, me gustaría devolverle la pregunta a quien me la hizo: si insistes en que este hombre debe tener el poder de la autodeterminación definitiva, ¿de que sirve rezar por él? ¿Qué quieres que Dios haga por Él? No puedes pedir a Dios que supere la rebelión del hombre, pues es precisamente la rebelión lo que el hombre elige ahora, por lo que eso significaría que Dios habría superado su elección y le habría quitado su poder de autodeterminación. Pero ¿cómo puede Dios salvar a este hombre a menos que actúe de tal manera que cambie el corazón del hombre de la dura hostilidad a la tierna confianza? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Rezarías para que Dios iluminara su mente para que este hombre pudiera ver la belleza de Cristo y creyera? Si rezas por esto, estás, en definitiva, pidiendo a Dios que ya no deje la determinación de la voluntad del hombre en manos del propio hombre. Estás pidiendo a Dios que haga algo en el interior de la mente (o el corazón) del hombre para que vea y crea. Es decir, estás concediendo la determinación definitiva de la decisión del hombre para confiar en que Cristo es de Dios, no únicamente suyo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que intento decir es que no es la doctrina de la soberanía de Dios lo que hace que fracasen las oraciones para la conversión de pecadores. Al contrario, es la noción no bíblica de la autodeterminación lo que haría acabar de manera consistente con todas las oraciones para los perdidos. La oración es una petición para que Dios haga algo. Pero lo único que Dios puede hacer para salvar el alma de un pecador es superar su resistencia a Dios. Si insistes en que retenga su autodeterminación, entonces estás insistiendo en que permanezca sin Cristo. Porque “nadie puede venir a Cristo si no se lo ha concedido el Padre” (Juan 6:65,44). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo la persona que rechaza la autodeterminación humana puede rezar de manera consistente para que Dios salve a los perdidos. Mi oración por los no creyentes es que Dios haga por ellos lo que hizo por Lydia: Él abrió su corazón para que ella aceptara lo que dijo Pablo (Actos 16:14). Rezaré para que Dios, que una vez dijo “¡Hágase la luz!”, mediante el mismo poder creativo “reluzca en sus corazones para darles la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo” (2 Corintios 4:6). Rezaré para que Él “elimine sus corazones de piedra y les dé un corazón de carne (Ezequiel 36:26). Rezaré para que nazcan no de la voluntad de la carne ni de la voluntad del hombre, sino de la voluntad de Dios (Juan 1:13). Y con todas mis oraciones intentaré “ser amable y enseñar y corregir tiernamente por si acaso Dios les da el arrepentimiento y los libera del lazo de Satán” (2 Timoteo 2:24-26). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En resumen, no le pido a Dios que espere a que mi vecino decida cambiar. No le sugiero a Dios que se mantenga a distancia por si acaso su belleza se vuelve irresistible y viola el poder de autodeterminación de mi vecino. ¡No! Le pido que embelese a mi vecino no creyente con su belleza, que libere la voluntad encadenada, que devuelva la vida a los muertos y que no se detenga ante nada para que mi vecino no perezca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. Si alguien dice ahora, “Muy bien, suponiendo que la conversión de una persona venga determinada en última instancia por Dios, aún no entiendo el por qué de tus oraciones. Si Dios eligió antes de la fundación del mundo quiénes serían convertidos, ¿qué función cumplen tus oraciones?” Mi respuesta es que tienen la misma función que tiene predicar: ¿cómo podrían los perdidos creer en aquel al que no han escuchado? y, ¿cómo podrían escucharlo sin un predicador? y, ¿cómo podrían predicar si no hubieran sido enviados? (Romanos 10:14f.) Creen en Cristo es un regalo de Dios (Juan 6:65; 2 Timoteo 2:25; Efesios 2:8), pero Dios ha ordenado que los medios por los que los hombres creen en Jesús sea a través de la predicación de los hombres. Es muy ingenuo decir que si nadie extendiera el evangelio todos aquellos predestinados a ser hijos de Dios (Efesios 1:5) se convertirían de todas formas. Esto es ingenuo porque pasa por alto el hecho de que predicar el evangelio es algo tan predestinado como lo es creer en el evangelio: Pablo estaba predestinado a su ministerio de predicador antes de nacer (Gálatas 1:15), al igual que Jeremías (Jeremías 1:5). Por lo tanto, preguntar, “Si no evangelizamos, ¿se salvarán los elegidos?” es como preguntar, “Si no hay predestinación, ¿se salvarán los predestinados?” Dios conoce a los que son suyos y enviará mensajeros a buscarlos. Si alguien rechaza ser parte de ese plan, porque no le gusta la idea de que lo manipulen antes de nacer, entonces él sale perdiendo, no Dios ni los elegidos. “Sin duda llevarás a cabo el propósito de Dios actúes como actúes pero hay una diferencia entre servir como Judas o como Juan”. (Problema del Dolor capítulo 7, Antología, p 910, cf. p 80) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración se parece a la predicación en que ambas son actos humanos. Es un acto humano ordenado por Dios y en el que se deleita, porque refleja la dependencia que tienen en Él sus criaturas. Él ha prometido responder a la oración, y su respuesta es sólo un reclamo para nuestra oración ya que ésta se hace conforme a su voluntad. “Y esta es la confianza que tenemos frente a Él, la confianza de que si pedimos cualquier cosa según Su voluntad, Él nos escucha” (1 Juan 5:14). Cuando no sabemos cómo rezar según su voluntad pero lo queremos sinceramente, “el Espíritu de Dios intercede por nosotros según la voluntad de Dios” (Romanos 8:27). En otras palabras, al igual que Dios se asegurará de que Su Palabra se proclame como manera de salvar a los elegidos, también se asegurará de que se hagan todas las oraciones a las que Él ha prometido responder. Creo que las palabras de Pablo en Romanos 15:18 se pueden aplicar perfectamente a este sermón y a su ministerio: “No me atreveré a hablar de nada excepto de aquello que Cristo a hecho a través de mí, resultando en la obediencia de los Gentiles”. Incluso nuestras oraciones son un regalo para aquel que “trabaja en nosotros aquello que es agradable a sus ojos” (Hebreos 13:21). ¡Oh, que agradecidos tenemos que estar de que nos haya elegido para utilizarnos en este importante servicio! ¡Que deseosos deberíamos estar de pasar mucho tiempo en nuestras oraciones!&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Vrsan</name></author>	</entry>

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		<title>The Sovereignty of God and Prayer/es</title>
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				<updated>2009-09-04T16:13:29Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Vrsan: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''{{info|La soberanía de Dios y la oración}}&amp;lt;br&amp;gt;''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por John Piper &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A menudo me preguntan, “Si crees que Dios obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad (Efesios 1:11) y que su conocimiento de las cosas pasadas, presentes y futuras es infalible entonces, ¿de qué sirve rezar para que algo ocurra?”. Normalmente, me hacen esta pregunta en referencia a la decisión humana: “Si Dios predestinó a algunos a ser sus hijos y los escogió antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4,5), entonces, ¿de qué sirve rezar para que alguien se convierta?” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El argumento implícito aquí es que, si la oración es si quiera posible, el hombre debe tener el poder de la autodeterminación. Es decir, que todas las decisiones del hombre deben pertenecer, en definitiva, al propio hombre y no a Dios. De lo contrario, el hombre está determinado por Dios y todas sus decisiones están, en realidad, fijas en el consejo eterno de Dios. Examinemos si este argumento es razonable analizando el ejemplo que hemos citado más arriba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. “¿Por qué rezar para que alguien se convierta si Dios ha elegido, antes de la fundación del mundo, quiénes serán sus hijos? Una persona necesitada de conversión está “muerta en sus delitos y pecados” (Efesios 2:1); es “esclava del pecado” (Romanos 6:17; Juan 8:34); “el dios de este mundo ha cegado su mente para que no pueda ver el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Corintios 4:4); su corazón está endurecido contra Dios (Efesios 4:18) y es hostil hacia Dios y se rebela contra la voluntad de Dios (Romanos 8:7). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, me gustaría devolverle la pregunta a quien me la hizo: si insistes en que este hombre debe tener el poder de la autodeterminación definitiva, ¿de que sirve rezar por él? ¿Qué quieres que Dios haga por Él? No puedes pedir a Dios que supere la rebelión del hombre, pues es precisamente la rebelión lo que el hombre elige ahora, por lo que eso significaría que Dios habría superado su elección y le habría quitado su poder de autodeterminación. Pero ¿cómo puede Dios salvar a este hombre a menos que actúe de tal manera que cambie el corazón del hombre de la dura hostilidad a la tierna confianza? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Rezarías para que Dios iluminara su mente para que este hombre pudiera ver la belleza de Cristo y creyera? Si rezas por esto, estás, en definitiva, pidiendo a Dios que ya no deje la determinación de la voluntad del hombre en manos del propio hombre. Estás pidiendo a Dios que haga algo en el interior de la mente (o el corazón) del hombre para que vea y crea. Es decir, estás concediendo la determinación definitiva de la decisión del hombre para confiar en que Cristo es de Dios, no únicamente suyo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que intento decir es que no es la doctrina de la soberanía de Dios lo que hace que fracasen las oraciones para la conversión de pecadores. Al contrario, es la noción no bíblica de la autodeterminación lo que haría acabar de manera consistente con todas las oraciones para los perdidos. La oración es una petición para que Dios haga algo. Pero lo único que Dios puede hacer para salvar el alma de un pecador es superar su resistencia a Dios. Si insistes en que retenga su autodeterminación, entonces estás insistiendo en que permanezca sin Cristo. Porque “nadie puede venir a Cristo si no se lo ha concedido el Padre” (Juan 6:65,44). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo la persona que rechaza la autodeterminación humana puede rezar de manera consistente para que Dios salve a los perdidos. Mi oración por los no creyentes es que Dios haga por ellos lo que hizo por Lydia: Él abrió su corazón para que ella aceptara lo que dijo Pablo (Actos 16:14). Rezaré para que Dios, que una vez dijo “¡Hágase la luz!”, mediante el mismo poder creativo “reluzca en sus corazones para darles la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo” (2 Corintios 4:6). Rezaré para que Él “elimine sus corazones de piedra y les dé un corazón de carne (Ezequiel 36:26). Rezaré para que nazcan no de la voluntad de la carne ni de la voluntad del hombre, sino de la voluntad de Dios (Juan 1:13). Y con todas mis oraciones intentaré “ser amable y enseñar y corregir tiernamente por si acaso Dios les da el arrepentimiento y los libera del lazo de Satán” (2 Timoteo 2:24-26). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En resumen, no le pido a Dios que espere a que mi vecino decida cambiar. No le sugiero a Dios que se mantenga a distancia por si acaso su belleza se vuelve irresistible y viola el poder de autodeterminación de mi vecino. ¡No! Le pido que embelese a mi vecino no creyente con su belleza, que libere la voluntad encadenada, que devuelva la vida a los muertos y que no se detenga ante nada para que mi vecino no perezca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. Si alguien dice ahora, “Muy bien, suponiendo que la conversión de una persona venga determinada en última instancia por Dios, aún no entiendo el por qué de tus oraciones. Si Dios eligió antes de la fundación del mundo quiénes serían convertidos, ¿qué función cumplen tus oraciones?” Mi respuesta es que tienen la misma función que tiene predicar: ¿cómo podrían los perdidos creer en aquel al que no han escuchado? y, ¿cómo podrían escucharlo sin un predicador? y, ¿cómo podrían predicar si no hubieran sido enviados? (Romanos 10:14f.) Creen en Cristo es un regalo de Dios (Juan 6:65; 2 Timoteo 2:25; Efesios 2:8), pero Dios ha ordenado que los medios por los que los hombres creen en Jesús sea a través de la predicación de los hombres. Es muy ingenuo decir que si nadie extendiera el evangelio todos aquellos predestinados a ser hijos de Dios (Efesios 1:5) se convertirían de todas formas. Esto es ingenuo porque pasa por alto el hecho de que predicar el evangelio es algo tan predestinado como lo es creer en el evangelio: Pablo estaba predestinado a su ministerio de predicador antes de nacer (Gálatas 1:15), al igual que Jeremías (Jeremías 1:5). Por lo tanto, preguntar, “Si no evangelizamos, ¿se salvarán los elegidos?” es como preguntar, “Si no hay predestinación, ¿se salvarán los predestinados?” Dios conoce a los que son suyos y enviará mensajeros a buscarlos. Si alguien rechaza ser parte de ese plan, porque no le gusta la idea de que lo manipulen antes de nacer, entonces él sale perdiendo, no Dios ni los elegidos. “Sin duda llevarás a cabo el propósito de Dios actúes como actúes pero hay una diferencia entre servir como Judas o como Juan”. (Problema del Dolor capítulo 7, Antología, p 910, cf. p 80) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración se parece a la predicación en que ambas son actos humanos. Es un acto humano ordenado por Dios y en el que se deleita, porque refleja la dependencia que tienen en Él sus criaturas. Él ha prometido responder a la oración, y su respuesta es sólo un reclamo para nuestra oración ya que ésta se hace conforme a su voluntad. “Y esta es la confianza que tenemos frente a Él, la confianza de que si pedimos cualquier cosa según Su voluntad, Él nos escucha” (1 Juan 5:14). Cuando no sabemos cómo rezar según su voluntad pero lo queremos sinceramente, “el Espíritu de Dios intercede por nosotros según la voluntad de Dios” (Romanos 8:27). En otras palabras, al igual que Dios se asegurará de que Su Palabra se proclame como manera de salvar a los elegidos, también se asegurará de que se hagan todas las oraciones a las que Él ha prometido responder. Creo que las palabras de Pablo en Romanos 15:18 se pueden aplicar perfectamente a este sermón y a su ministerio: “No me atreveré a hablar de nada excepto de aquello que Cristo a hecho a través de mí, resultando en la obediencia de los Gentiles”. Incluso nuestras oraciones son un regalo para aquel que “trabaja en nosotros aquello que es agradable a sus ojos” (Hebreos 13:21). ¡Oh, que agradecidos tenemos que estar de que nos haya elegido para utilizarnos en este importante servicio! ¡Que deseosos deberíamos estar de pasar mucho tiempo en nuestras oraciones!&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Vrsan</name></author>	</entry>

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		<id>http://gospeltranslation.org/wiki/The_Sovereignty_of_God_and_Prayer/es</id>
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				<updated>2009-09-04T16:11:16Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Vrsan: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''La soberanía de Dios y la Oración'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
por John Piper&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A menudo me preguntan, “Si crees que Dios obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad (Efesios 1:11) y que su conocimiento de las cosas pasadas, presentes y futuras es infalible entonces, ¿de qué sirve rezar para que algo ocurra?”. Normalmente, me hacen esta pregunta en referencia a la decisión humana: “Si Dios predestinó a algunos a ser sus hijos y los escogió antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4,5), entonces, ¿de qué sirve rezar para que alguien se convierta?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El argumento implícito aquí es que, si la oración es si quiera posible, el hombre debe tener el poder de la autodeterminación. Es decir, que todas las decisiones del hombre deben pertenecer, en definitiva, al propio hombre y no a Dios. De lo contrario, el hombre está determinado por Dios y todas sus decisiones están, en realidad, fijas en el consejo eterno de Dios. Examinemos si este argumento es razonable analizando el ejemplo que hemos citado más arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1. “¿Por qué rezar para que alguien se convierta si Dios ha elegido, antes de la fundación del mundo, quiénes serán sus hijos? Una persona necesitada de conversión está “muerta en sus delitos y pecados” (Efesios 2:1); es “esclava del pecado” (Romanos 6:17; Juan 8:34); “el dios de este mundo ha cegado su mente para que no pueda ver el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Corintios 4:4); su corazón está endurecido contra Dios (Efesios 4:18) y es hostil hacia Dios y se rebela contra la voluntad de Dios (Romanos 8:7).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, me gustaría devolverle la pregunta a quien me la hizo: si insistes en que este hombre debe tener el poder de la autodeterminación definitiva, ¿de que sirve rezar por él? ¿Qué quieres que Dios haga por Él? No puedes pedir a Dios que supere la rebelión del hombre, pues es precisamente la rebelión lo que el hombre elige ahora, por lo que eso significaría que Dios habría superado su elección y le habría quitado su poder de autodeterminación. Pero ¿cómo puede Dios salvar a este hombre a menos que actúe de tal manera que cambie el corazón del hombre de la dura hostilidad a la tierna confianza?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Rezarías para que Dios iluminara su mente para que este hombre pudiera ver la belleza de Cristo y creyera? Si rezas por esto, estás, en definitiva, pidiendo a Dios que ya no deje la determinación de la voluntad del hombre en manos del propio hombre. Estás pidiendo a Dios que haga algo en el interior de la mente (o el corazón) del hombre para que vea y crea. Es decir, estás concediendo la determinación definitiva de la decisión del hombre para confiar en que Cristo es de Dios, no únicamente suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que intento decir es que no es la doctrina de la soberanía de Dios lo que hace que fracasen las oraciones para la conversión de pecadores. Al contrario, es la noción no bíblica de la autodeterminación lo que haría acabar de manera consistente con todas las oraciones para los perdidos. La oración es una petición para que Dios haga algo. Pero lo único que Dios puede hacer para salvar el alma de un pecador es superar su resistencia a Dios. Si insistes en que retenga su autodeterminación, entonces estás insistiendo en que permanezca sin Cristo. Porque “nadie puede venir a Cristo si no se lo ha concedido el Padre” (Juan 6:65,44). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sólo la persona que rechaza la autodeterminación humana puede rezar de manera consistente para que Dios salve a los perdidos. Mi oración por los no creyentes es que Dios haga por ellos lo que hizo por Lydia: Él abrió su corazón para que ella aceptara lo que dijo Pablo (Actos 16:14). Rezaré para que Dios, que una vez dijo “¡Hágase la luz!”, mediante el mismo poder creativo “reluzca en sus corazones para darles la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo” (2 Corintios 4:6). Rezaré para que Él “elimine sus corazones de piedra y les dé un corazón de carne (Ezequiel 36:26). Rezaré para que nazcan no de la voluntad de la carne ni de la voluntad del hombre, sino de la voluntad de Dios (Juan 1:13). Y con todas mis oraciones intentaré “ser amable y enseñar y corregir tiernamente por si acaso Dios les da el arrepentimiento y los libera del lazo de Satán” (2 Timoteo 2:24-26).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En resumen, no le pido a Dios que espere a que mi vecino decida cambiar. No le sugiero a Dios que se mantenga a distancia por si acaso su belleza se vuelve irresistible y viola el poder de autodeterminación de mi vecino. ¡No! Le pido que embelese a mi vecino no creyente con su belleza, que libere la voluntad encadenada, que devuelva la vida a los muertos y que no se detenga ante nada para que mi vecino no perezca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2. Si alguien dice ahora, “Muy bien, suponiendo que la conversión de una persona venga determinada en última instancia por Dios, aún no entiendo el por qué de tus oraciones. Si Dios eligió antes de la fundación del mundo quiénes serían convertidos, ¿qué función cumplen tus oraciones?” Mi respuesta es que tienen la misma función que tiene predicar: ¿cómo podrían los perdidos creer en aquel al que no han escuchado? y, ¿cómo podrían escucharlo sin un predicador? y, ¿cómo podrían predicar si no hubieran sido enviados? (Romanos 10:14f.) Creen en Cristo es un regalo de Dios (Juan 6:65; 2 Timoteo 2:25; Efesios 2:8), pero Dios ha ordenado que los medios por los que los hombres creen en Jesús sea a través de la predicación de los hombres. Es muy ingenuo decir que si nadie extendiera el evangelio todos aquellos predestinados a ser hijos de Dios (Efesios 1:5) se convertirían de todas formas. Esto es ingenuo porque pasa por alto el hecho de que predicar el evangelio es algo tan predestinado como lo es creer en el evangelio: Pablo estaba predestinado a su ministerio de predicador antes de nacer (Gálatas 1:15), al igual que Jeremías (Jeremías 1:5). Por lo tanto, preguntar, “Si no evangelizamos, ¿se salvarán los elegidos?” es como preguntar, “Si no hay predestinación, ¿se salvarán los predestinados?” Dios conoce a los que son suyos y enviará mensajeros a buscarlos. Si alguien rechaza ser parte de ese plan, porque no le gusta la idea de que lo manipulen antes de nacer, entonces él sale perdiendo, no Dios ni los elegidos. “Sin duda llevarás a cabo el propósito de Dios actúes como actúes pero hay una diferencia entre servir como Judas o como Juan”. (Problema del Dolor capítulo 7, Antología, p 910, cf. p 80)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración se parece a la predicación en que ambas son actos humanos. Es un acto humano ordenado por Dios y en el que se deleita, porque refleja la dependencia que tienen en Él sus criaturas. Él ha prometido responder a la oración, y su respuesta es sólo un reclamo para nuestra oración ya que ésta se hace conforme a su voluntad. “Y esta es la confianza que tenemos frente a Él, la confianza de que si pedimos cualquier cosa según Su voluntad, Él nos escucha” (1 Juan 5:14). Cuando no sabemos cómo rezar según su voluntad pero lo queremos sinceramente, “el Espíritu de Dios intercede por nosotros según la voluntad de Dios” (Romanos 8:27). En otras palabras, al igual que Dios se asegurará de que Su Palabra se proclame como manera de salvar a los elegidos, también se asegurará de que se hagan todas las oraciones a las que Él ha prometido responder. Creo que las palabras de Pablo en Romanos 15:18 se pueden aplicar perfectamente a este sermón y a su ministerio: “No me atreveré a hablar de nada excepto de aquello que Cristo a hecho a través de mí, resultando en la obediencia de los Gentiles”. Incluso nuestras oraciones son un regalo para aquel que “trabaja en nosotros aquello que es agradable a sus ojos” (Hebreos 13:21). ¡Oh, que agradecidos tenemos que estar de que nos haya elegido para utilizarnos en este importante servicio! ¡Que deseosos deberíamos estar de pasar mucho tiempo en nuestras oraciones!&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Vrsan</name></author>	</entry>

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		<id>http://gospeltranslation.org/wiki/The_Call_to_Courage/es</id>
		<title>The Call to Courage/es</title>
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				<updated>2009-03-27T08:06:10Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Vrsan: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;span class=&amp;quot;fck_mw_template&amp;quot;&amp;gt;{{info|Llamada al coraje}}&amp;lt;/span&amp;gt; &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;br /&amp;gt; &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Conferencia para pastores Deseando a Dios 2008 &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;b&amp;gt;Josué 1:1-9 &amp;lt;/b&amp;gt; &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;br /&amp;gt;&amp;lt;i&amp;gt;(Lo que sigue es un resumen de las notas tomadas durante el mensaje). &amp;lt;/i&amp;gt; &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;br /&amp;gt;Crawford Loritts aprendió lo que sabe sobre el liderazgo, el coraje, la responsabilidad, etc. principalmente de su padre. Incluso hoy en día, al enfrentarse a una decisión difícil o a la decepción, oye la voz de su padre diciéndole, “No le des la espalda”. &amp;lt;br /&amp;gt;Hay una epidemia de debilidad extendiéndose por la iglesia. La cultura está infiltrándose en la iglesia, intentando que tengamos miedo de tomar decisiones y llevarlas a cabo. Nuestra preocupación por el “consenso” tiene un efecto limitador en todo lo que hacemos, y se nos enseña a ignorar nuestra falta de compromiso.&amp;lt;br /&amp;gt;A algunos se nos desanima en nuestros ministerios porque nos hemos negado a hacer lo que Dios nos ha dicho que hagamos, no porque no nos lo haya dicho.&amp;lt;br /&amp;gt;Nada en la vida o en el ministerio ocurre sin tener en cuenta el coraje. Alguien tiene que dar el primer paso. La misma naturaleza del liderazgo está en que es una afirmación profética de dónde deberían estar las cosas. El liderazgo posee, de manera inherente, una llamada a aceptar el aislamiento y la resistencia.&amp;lt;br /&amp;gt; Al leer Josué 1, debemos leerlo en su contexto emocional. Moisés ha muerto porque desobedeció a Dios. Permitió que la presión de los que le seguían lo influyera y actuó desde la incredulidad. Le encomendó a Josué que continuara.&amp;lt;br /&amp;gt;Ahora Dios viene a Josué en persona para darle una explicación sobre el coraje. Es el mejor texto sobre liderazgo que hay en la Biblia. No es para los débiles de corazón. Es como si Dios alargara las manos y tomara a Josué (y a nosotros) por las solapas de la camisa. No nos mima, sino que nos da una descripción del coraje, en cuatro vertientes. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;br /&amp;gt;'''1) El coraje está en un encargo claro de Dios (v 1-4).''' &amp;lt;br /&amp;gt;No existe el coraje aparte de la misión, al igual que no existe la fe aparte del desafío. No tenéis coraje por el simple hecho de tenerlo, lo tenéis por un motivo.&amp;lt;br /&amp;gt;Con respecto a Moisés, un hombre de Dios había muerto; pero nada de Dios había muerto. Le encomendó la tarea a Josué. Le repitió a Josué lo mismo que le había dicho a Moisés que hiciera. Dios no necesita hombres valiosos. Él hace que los hombres sean valiosos. Por ello, no debemos temer la pérdida de ninguno de sus instrumentos humanos. Dios no tiene miedo de que su causa fracase.&amp;lt;br /&amp;gt;Efesios 2:10 implica que debemos avanzar con ciega obediencia. Los buenos trabajos que él ha preparado de antemano - ¡debemos caminar por ellos!&amp;lt;br /&amp;gt;¿Qué es lo que Dios ha preparado para que hagáis? ¿Cuándo reafirmasteis la llamada de Dios en vuestra vida por última vez? ¿Cuáles son las cosas por las que ha hecho Dios que os apasionéis?&amp;lt;br /&amp;gt;Vuestro coraje aumentará cuando tengáis confianza en la llamada. La mayoría de la gente deja el ministerio debido a la confusión y a la falta de coraje.&amp;lt;br /&amp;gt;'''2) El coraje está en la afirmación de la presencia de Dios (v 5, 9)''' &amp;lt;br /&amp;gt;Dios nunca nos llama a hacer algo ajeno a él. Cada encargo que Dios da es también su manera principal de santificar al líder. Algunos de nosotros no estamos quemando porque separamos el proceso de santificación de nuestro ministerio. La auténtica cosa que Dios utiliza para acercarnos a él es su llamada. Su llamada es una afirmación de su presencia.&amp;lt;br /&amp;gt;Ser pastor no es sólo un trabajo para vosotros. No es realizar una empresa evangélica. Los encargos de Dios vienen con un sentido especial de la presencia de Dios, también llamada unción; y su presencia es real.&amp;lt;br /&amp;gt;¿Creéis que Dios dejaría abandonado a Josué? Si Dios os ha llamado, está con vosotros. El coraje no significa no tener miedo. Significa que temo a Dios más que a lo que me rodea. Significa que confío en los recursos divinos más que en los recursos del hombre.&amp;lt;br /&amp;gt;Philips Brooks: “No pidas tareas iguales a tus poderes. Pide poderes iguales a tus tareas”. &amp;lt;br /&amp;gt;'''3) El coraje está en la determinación concreta (v 6, 7, 9)'''. &amp;lt;br /&amp;gt;Tres veces repite “sé fuerte y ten coraje”. Dios no tiene ningún defecto del habla. Cuando se repite, es porque esa es su intención.&amp;lt;br /&amp;gt;Hay que ser cuidadosos al tomar decisiones basadas en nuestra personalidad, etc. Dios no está limitado del mismo modo que nosotros. Dios no dialoga con nadie acerca de cómo está una persona limitada antes de encargarles una tarea. Consideremos a Moisés y dejemos de camuflar la duda con términos complicados.&amp;lt;br /&amp;gt;El coraje se fortalece mediante actos de obediencia. Es un verbo, no una posición. Sabrás que estás en el camino adecuado cuando acudan a ti. Si huyes al encontrar oposición estarás huyendo el resto de tu vida.&amp;lt;br /&amp;gt;La habilidad de resistir fortalece tu decisión. Si actúas con coraje, obtendrás más coraje. Dios está contigo, pero sólo te dará fuerzas cuando des el primer paso y avances. Él no puede conducir un coche parado. El viento sólo soplará cuando levantes las velas. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;'''4) El coraje está sostenido por la palabra de Dios (v 7-8)'''. &amp;lt;br /&amp;gt;El éxito o fracaso en una misión está unido a tu relación con la verdad. Hay tres relaciones principales en el verso:&amp;lt;br /&amp;gt;a) Proclama la Palabra (&amp;quot;que nunca deje de estar en tu boca&amp;quot;). &amp;lt;br /&amp;gt;La cantidad de ignorancia bíblica en el evangelicalismo es impresionante. ¿Cómo os atrevéis a pensar que tenéis derecho a asumir que el ministerio puede tener lugar sin construirse sobre la palabra? El pragmatismo está robando el derecho sobrenatural de nuestro ministerio. Podéis tener una habilidad de liderazgo baja, pero si seguís su palabra tendréis éxito. &amp;lt;br /&amp;gt;Pastores, haced de vuestro tiempo a solas en la Palabra de Dios algo inviolable. Vuestras gentes merecen oír acerca de Dios cada domingo por la mañana. No pueden depender sólo de ilustraciones, historias o conocimientos. Necesitan una palabra. &amp;lt;br /&amp;gt;b) Medita sobre la palabra (&amp;quot;debes meditar sobre ella día y noche&amp;quot;). &amp;lt;br /&amp;gt;La razón de que podáis proclamar la palabra es que la habéis almacenado en vuestro interior. Es el sonido de fondo en vuestra vida. Cuando aparecen las dificultades podéis subir el volumen.&amp;lt;br /&amp;gt;Dominad con devoción la palabra de Dios para vuestras almas. Sumergiros en el libro. Amadlo, vividlo.&amp;lt;br /&amp;gt;c) Haz lo que en ella está escrito. &amp;lt;br /&amp;gt;La hipocresía es un peligro ocupacional en el ministerio. Es la falta principal en nuestro trabajo. El problema con el evangelicanismo hoy en día es que si podéis sacar adelante el ministerio, nadie os hará preguntas. No hay una relación drástica entre el don y lo sagrado, pero su fertilidad se demostrará con el tiempo. La integridad de vuestro ministerio lo es todo, así que debéis practicar la verdad que proclamáis. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;br /&amp;gt;Tenéis que ser el destino al que otros quieran llegar.&amp;lt;br /&amp;gt;&amp;lt;br /&amp;gt;&lt;br /&gt;
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		<author><name>Vrsan</name></author>	</entry>

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&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Conferencia para pastores Deseando a Dios 2008 &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;b&amp;gt;Josué 1:1-9 &amp;lt;/b&amp;gt; &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;br /&amp;gt;&amp;lt;i&amp;gt;(Lo que sigue es un resumen de las notas tomadas durante el mensaje). &amp;lt;/i&amp;gt; &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;br /&amp;gt;Crawford Loritts aprendió lo que sabe sobre el liderazgo, el coraje, la responsabilidad, etc. principalmente de su padre. Incluso hoy en día, al enfrentarse a una decisión difícil o a la decepción, oye la voz de su padre diciéndole, “No le des la espalda”. &amp;lt;br /&amp;gt;Hay una epidemia de debilidad extendiéndose por la iglesia. La cultura está infiltrándose en la iglesia, intentando que tengamos miedo de tomar decisiones y llevarlas a cabo. Nuestra preocupación por el “consenso” tiene un efecto limitador en todo lo que hacemos, y se nos enseña a ignorar nuestra falta de compromiso.&amp;lt;br /&amp;gt;A algunos se nos desanima en nuestros ministerios porque nos hemos negado a hacer lo que Dios nos ha dicho que hagamos, no porque no nos lo haya dicho.&amp;lt;br /&amp;gt;Nada en la vida o en el ministerio ocurre sin tener en cuenta el coraje. Alguien tiene que dar el primer paso. La misma naturaleza del liderazgo está en que es una afirmación profética de dónde deberían estar las cosas. El liderazgo posee, de manera inherente, una llamada a aceptar el aislamiento y la resistencia.&amp;lt;br /&amp;gt; Al leer Josué 1, debemos leerlo en su contexto emocional. Moisés ha muerto porque desobedeció a Dios. Permitió que la presión de los que le seguían lo influyera y actuó desde la incredulidad. Le encomendó a Josué que continuara.&amp;lt;br /&amp;gt;Ahora Dios viene a Josué en persona para darle una explicación sobre el coraje. Es el mejor texto sobre liderazgo que hay en la Biblia. No es para los débiles de corazón. Es como si Dios alargara las manos y tomara a Josué (y a nosotros) por las solapas de la camisa. No nos mima, sino que nos da una descripción del coraje, en cuatro vertientes. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;br /&amp;gt;1) El coraje está en un encargo claro de Dios (v 1-4). &amp;lt;br /&amp;gt;No existe el coraje aparte de la misión, al igual que no existe la fe aparte del desafío. No tenéis coraje por el simple hecho de tenerlo, lo tenéis por un motivo.&amp;lt;br /&amp;gt;Con respecto a Moisés, un hombre de Dios había muerto; pero nada de Dios había muerto. Le encomendó la tarea a Josué. Le repitió a Josué lo mismo que le había dicho a Moisés que hiciera. Dios no necesita hombres valiosos. Él hace que los hombres sean valiosos. Por ello, no debemos temer la pérdida de ninguno de sus instrumentos humanos. Dios no tiene miedo de que su causa fracase.&amp;lt;br /&amp;gt;Efesios 2:10 implica que debemos avanzar con ciega obediencia. Los buenos trabajos que él ha preparado de antemano - ¡debemos caminar por ellos!&amp;lt;br /&amp;gt;¿Qué es lo que Dios ha preparado para que hagáis? ¿Cuándo reafirmasteis la llamada de Dios en vuestra vida por última vez? ¿Cuáles son las cosas por las que ha hecho Dios que os apasionéis?&amp;lt;br /&amp;gt;Vuestro coraje aumentará cuando tengáis confianza en la llamada. La mayoría de la gente deja el ministerio debido a la confusión y a la falta de coraje.&amp;lt;br /&amp;gt;2) El coraje está en la afirmación de la presencia de Dios (v 5, 9) &amp;lt;br /&amp;gt;Dios nunca nos llama a hacer algo ajeno a él. Cada encargo que Dios da es también su manera principal de santificar al líder. Algunos de nosotros no estamos quemando porque separamos el proceso de santificación de nuestro ministerio. La auténtica cosa que Dios utiliza para acercarnos a él es su llamada. Su llamada es una afirmación de su presencia.&amp;lt;br /&amp;gt;Ser pastor no es sólo un trabajo para vosotros. No es realizar una empresa evangélica. Los encargos de Dios vienen con un sentido especial de la presencia de Dios, también llamada unción; y su presencia es real.&amp;lt;br /&amp;gt;¿Creéis que Dios dejaría abandonado a Josué? Si Dios os ha llamado, está con vosotros. El coraje no significa no tener miedo. Significa que temo a Dios más que a lo que me rodea. Significa que confío en los recursos divinos más que en los recursos del hombre.&amp;lt;br /&amp;gt;Philips Brooks: “No pidas tareas iguales a tus poderes. Pide poderes iguales a tus tareas”. &amp;lt;br /&amp;gt;3) El coraje está en la determinación concreta (v 6, 7, 9). &amp;lt;br /&amp;gt;Tres veces repite “sé fuerte y ten coraje”. Dios no tiene ningún defecto del habla. Cuando se repite, es porque esa es su intención.&amp;lt;br /&amp;gt;Hay que ser cuidadosos al tomar decisiones basadas en nuestra personalidad, etc. Dios no está limitado del mismo modo que nosotros. Dios no dialoga con nadie acerca de cómo está una persona limitada antes de encargarles una tarea. Consideremos a Moisés y dejemos de camuflar la duda con términos complicados.&amp;lt;br /&amp;gt;El coraje se fortalece mediante actos de obediencia. Es un verbo, no una posición. Sabrás que estás en el camino adecuado cuando acudan a ti. Si huyes al encontrar oposición estarás huyendo el resto de tu vida.&amp;lt;br /&amp;gt;La habilidad de resistir fortalece tu decisión. Si actúas con coraje, obtendrás más coraje. Dios está contigo, pero sólo te dará fuerzas cuando des el primer paso y avances. Él no puede conducir un coche parado. El viento sólo soplará cuando levantes las velas. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;4) El coraje está sostenido por la palabra de Dios (v 7-8). &amp;lt;br /&amp;gt;El éxito o fracaso en una misión está unido a tu relación con la verdad. Hay tres relaciones principales en el verso:&amp;lt;br /&amp;gt;a) Proclama la Palabra (&amp;quot;que nunca deje de estar en tu boca&amp;quot;). &amp;lt;br /&amp;gt;La cantidad de ignorancia bíblica en el evangelicalismo es impresionante. ¿Cómo os atrevéis a pensar que tenéis derecho a asumir que el ministerio puede tener lugar sin construirse sobre la palabra? El pragmatismo está robando el derecho sobrenatural de nuestro ministerio. Podéis tener una habilidad de liderazgo baja, pero si seguís su palabra tendréis éxito. &amp;lt;br /&amp;gt;Pastores, haced de vuestro tiempo a solas en la Palabra de Dios algo inviolable. Vuestras gentes merecen oír acerca de Dios cada domingo por la mañana. No pueden depender sólo de ilustraciones, historias o conocimientos. Necesitan una palabra. &amp;lt;br /&amp;gt;b) Medita sobre la palabra (&amp;quot;debes meditar sobre ella día y noche&amp;quot;). &amp;lt;br /&amp;gt;La razón de que podáis proclamar la palabra es que la habéis almacenado en vuestro interior. Es el sonido de fondo en vuestra vida. Cuando aparecen las dificultades podéis subir el volumen.&amp;lt;br /&amp;gt;Dominad con devoción la palabra de Dios para vuestras almas. Sumergiros en el libro. Amadlo, vividlo.&amp;lt;br /&amp;gt;c) Haz lo que en ella está escrito. &amp;lt;br /&amp;gt;La hipocresía es un peligro ocupacional en el ministerio. Es la falta principal en nuestro trabajo. El problema con el evangelicanismo hoy en día es que si podéis sacar adelante el ministerio, nadie os hará preguntas. No hay una relación drástica entre el don y lo sagrado, pero su fertilidad se demostrará con el tiempo. La integridad de vuestro ministerio lo es todo, así que debéis practicar la verdad que proclamáis. &lt;br /&gt;
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		<author><name>Vrsan</name></author>	</entry>

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		<title>Cosmic Treason (May 2008)/es</title>
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&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Traición Cósmica}} &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“La pecaminosidad del pecado&amp;quot; suena como una redundancia vacía que no añade información nueva al tema de debate. Sin embargo, la necesidad de hablar de la pecaminosidad del pecado se ha hecho necesaria debido a una cultura e incluso a una iglesia que han disminuido la importancia del pecado en sí mismo. El pecado se define en nuestros días en términos de cometer errores o hacer malas elecciones. Cuando hago un examen o un test de escritura, si cometo un error, fallo una palabra en concreto. Una cosa es cometer un error. Otra muy distinta, es mirar el examen de mi compañero y copiar sus respuestas para obtener una buena nota. En este caso, mi error ha ascendido a la categoría de transgresión moral. Aunque el pecado puede ser una parte de cometer errores como consecuencia de la pereza en la preparación, el acto de hacer trampa lleva la actividad a un nivel mucho más serio. Decir que “hacer malas elecciones” es pecado es verdad, pero también es un eufemismo que puede quitar importancia a la seriedad de la acción. La decisión de pecar es, ciertamente, una mala decisión pero, de nuevo, es algo más que un simple error. Es un acto de transgresión moral. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En mi libro ''La Verdad de La Cruz'' dediqué un capítulo completo a tratar este tema de la pecaminosidad del pecado. Empiezo el capítulo usando la anécdota de mi genuina incredulidad al recibir una edición reciente de ''Bartlett’s Familiar Quotations''. Aunque me alegré de recibir este ejemplar gratuito, estaba perplejo pues no comprendía por qué alguien me lo querría enviar. Mientras ojeaba las páginas de citas que incluían frases de Immanuel Kant, Aristóteles, Thomas Aquinas, y otros, me encontré, para gran sorpresa, con una cita mía. Que se incluyera una cita mía en una colección con tantos pensadores importantes me sorprendió mucho. Estaba perplejo preguntándome qué podía haber dicho que mereciera ser incluido en esta antología, y la respuesta estaba en una sencilla frase que se me atribuía: “El pecado es traición cósmica”. Lo que quería decir con esa frase era que incluso el pecado más pequeño que una criatura comete contra su Creador, es un acto de violencia hacia la santidad del Creador, Su gloria y su justicia. Cada pecado, por insignificante que parezca, es un acto de rebelión contra la soberanía de Dios que reina y gobierna sobre nosotros y, como tal, es un acto de traición hacia el Rey cósmico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La traición cósmica es una manera de explicar la noción de pecado, pero si miramos las descripciones que hacen de él las Escrituras, vemos que hay tres que destacan sobre las otras. Primero, el pecado es una deuda; segundo, es una expresión de enemistad; tercero, se muestra como un crimen. En el primer caso, nosotros, los pecadores, somos descritos en las Escrituras como deudores que no pueden pagar sus deudas. En este sentido, no estamos hablando de deudas financieras, sino de una deuda moral. Dios tiene el derecho soberano de imponer obligaciones a Sus criaturas. Cuando no cumplimos dichas obligaciones, somos deudores hacia nuestro Señor. Esta deuda representa un fallo por nuestra parte para mantener una obligación moral. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda manera en que se describe bíblicamente el pecado es como expresión de enemistad. En este sentido, el pecado no se restringe únicamente a una acción externa que transgrede una ley divina. Más bien, representa un motivo interno, un motivo originado por una hostilidad inherente hacia el Dios del universo. Raramente se discute en la iglesia o en el mundo que la descripción bíblica de la caída del ser humano incluye el comentario de que somos, por naturaleza, enemigos de Dios. En nuestra enemistad hacia Él, no queremos ni tenerlo en nuestros pensamientos, y esta actitud, es una actitud de hostilidad hacia el hecho mismo de que Dios nos ordena que obedezcamos Su voluntad. Es como consecuencia de este concepto de enemistad, que en el Nuevo Testamento, a menudo se describe nuestra redención en términos de reconciliación. Una de las condiciones necesarias para la reconciliación es que debe haber una enemistad previa entre al menos dos partes. Esta enemistad es lo que se presupone en el trabajo redentor de nuestro Mediador, Jesús Cristo, que supera esta dimensión de enemistad. &amp;lt;br&amp;gt;La tercera manera en que la Biblia habla del pecado es en términos de transgresión de la ley. El Westminster Shorter Catechism contesta la catorceava pregunta, “¿Qué es el pecado? con la respuesta, “El pecado es cualquier forma de disconformidad, o transgresión de, la ley de Dios”. Aquí vemos que el pecado se describe como desobediencia, tanto pasiva como activa. Hablamos de pecados de comisión y de pecados de omisión. Cuando no cumplimos con lo que Dios requiere de nosotros, podemos ver esta falta de conformidad hacia Su voluntad. Pero no somos culpables únicamente de no cumplir con lo que Dios requiere de nosotros, sino que hacemos de manera consciente aquello que Dios prohíbe. Por tanto, el pecado es una transgresión de la ley de Dios. &amp;lt;br&amp;gt;Cuando la gente viola las leyes de los hombres de un modo importante, no referimos a sus acciones, no como simples faltas sino, en el análisis definitivo, como crímenes. De la misma manera, nuestros actos de rebelión y transgresión de la ley de Dios, no son vistos por Él como simples faltas; más bien, son culpas. Son criminales en su impacto. Si consideramos seriamente la realidad del pecado en nuestras vidas, nos daremos cuenta de que cometemos crímenes hacia un Dios sagrado, y hacia Su reino. Nuestros crímenes no son virtudes; son vicios, y cualquier transgresión de un Dios sagrado, es viciosa por definición. Hasta que no entendamos quién es Dios, no llegaremos a comprender realmente la seriedad de nuestro pecado. Es porque vivimos en medio de gente pecadora, donde los estándares del comportamiento humano están dictados por la cultura que nos rodea, es por ello, que no nos conmueve la seriedad de nuestras transgresiones. Estamos, definitivamente, en paz en Zion. Pero cuando la figura de Dios se nos revela clara y cuando somos capaces de medir nuestras acciones, no en términos relativos con respecto al resto de los humanos, sino en términos absolutos con respecto a Dios, Su figura, y Su ley, entonces empezamos a ser conscientes de la calidad egregia de nuestra rebelión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Hasta que no consideremos a Dios seriamente, no podremos considerar el pecado seriamente. Pero, si nos damos cuenta del carácter justo de Dios, entonces, como los antiguos santos, nos cubriremos la boca con las manos y nos arrepentiremos en polvo y cenizas ante Él.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Vrsan</name></author>	</entry>

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		<id>http://gospeltranslation.org/wiki/Transforming_Love/es</id>
		<title>Transforming Love/es</title>
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				<updated>2008-10-17T22:01:46Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Vrsan: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|El amor nos transforma}}&amp;lt;br&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un padre profundamente angustiado estuvo sentado durante dos semanas en una UCI pediátrica, viendo como su hijo de tres años moría lentamente. Durante esas dos semanas leyó, curiosamente, un libro sobre el Evangelio. Más tarde, me escribió: “Quería decirte que el Evangelio es ciertamente para la vida real”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Me quedé perplejo con su afirmación. ¿Cómo pudo un libro sobre el Evangelio ayudar a este padre en esos momentos de profunda tragedia? Hubiera considerado que un libro acerca de confiar en Dios en los momentos de adversidad le hubiera sido de mayor ayuda. Pero, ¿un libro sobre el Evangelio? ¿Cómo puede ayudar en un momento así? Estuve considerando esta pregunta durante varias semanas. Finalmente, un día, mientras preparaba un mensaje acerca del amor de Dios, le respuesta vino a mí. En el Evangelio, este padre vio el amor de Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;El apóstol Juan escribió: “En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados”. (Juan 1, 4:9-10) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;A menudo digo, “Si quieres ver el amor de Dios, mira primero la Cruz”, porque esa es la muestra más preeminente de Su amor. Fue a la cruz a donde Dios envió a Su único Hijo para ser la propiciación de nuestros pecados. Propiciación, a pesar de ser una buena palabra en la Biblia, apenas es comprendida por los Cristianos de hoy en día. Quizá la mejor manera de entenderla es pensar que es el acto de Jesús soportando en la Cruz el peso completo de la justa y santa ira de Dios, que nosotros deberíamos haber soportado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Todos merecemos la ira de Dios por nuestro pecado – no sólo el pecado de nuestros días como no-creyentes sino también el pecado que cometemos cada día como creyentes. Pero si hubiéramos confiado en Cristo, nunca hubiéramos experimentado ni una gota de la copa de la ira de Dios. Jesús bebió de la copa en nuestro lugar, como nuestro sustituto. Y Juan nos dice que Dios, en Su amor, envío a Jesús para que lo hiciera por nosotros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Hay principalmente dos ocasiones en las que los Cristianos comprometidos tienden a dudar del amor de Dios. La más común es cuando, por algún motivo, somos completamente conscientes de que estamos pecando. Puede tratarse de algún modelo de pecado constante en nuestras vidas o quizá, el conjunto de todos los pecados de nuestra existencia. En momentos así solemos pensar, “¿Cómo es posible que Dios ame a alguien tan pecador como yo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;En cualquier caso, debemos volver otra vez la mirada hacia la Cruz y mirar a Jesús cargando con esos mismos pecados que nos hacen sentir tan culpables. Y después, hemos de recordar que “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él” (2 Cor. 5:21). Dios cogió nuestro pecado – incluso aquel que provoca un malestar inmediato – e hizo que Cristo cargara con ello, y Él en su justicia perfecta nos dio el crédito a nosotros. Dios hizo esto no porque fuéramos dignos de ser amados, sino por su incondicional autogenerado amor. Como Juan decía en el texto anterior, es “no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;La segunda ocasión más común que nos tienta a dudar del amor de Dios, se da en momentos de adversidad. Podemos pensar: “Si Dios me amara de verdad, Él no dejaría que esto me ocurriera”. En esos momentos de duda debemos mirar de nuevo hacia la Cruz y ver a Dios entregando a Su Hijo para morir en nuestro lugar (Rom. 8:32). Después de todo, fue en ese contexto en el que Pablo preguntó, “¿Quién nos separará del amor de Cristo?” Y unas pocas frases después, responde su propia pregunta con la contundente afirmación de que “ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Rom. 8:35-39). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;El gran Puritano John Owen escribió una vez, “La pena más grande y la mayor carga que puedes darle al Padre, la mayor muestra de ingratitud es no creer que Él te quiere”. Hubiéramos esperado quizá que Owen dijera que la pena más grande que puedes darle al Padre es cometer algún pecado desmesurado que deshonre Su nombre. Ciertamente, el pecado entristece a Dios, pero Owen nos dice que dudar de Su amor, lo entristece todavía más. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Por eso, cuando estés tentado de cuestionar el amor de Dios bien por tu pecado o por tus circunstancias difíciles, mira hacia la Cruz, y recuerda que en la Cruz demostró Dios su amor hacia ti, más allá de cualquier duda. Es más, no esperes a que lleguen esos momentos difíciles. Vuelve la mirada hacia la Cruz cada día para fortalecerte contra esos momentos de duda y desaliento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Sin embargo, por gloriosa que sea la verdad del amor de Dios hacia nosotros, Juan no nos dice que disfrutemos de ese amor de manera exclusiva. Por el contrario, dice muy claramente: “Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1 Juan 4:11). La implicación de esto no es, únicamente que debemos amarnos los unos a los otros porque Dios nos amó, sino que debemos amar a los demás del mismo modo que Dios nos amó a nosotros. Es decir, que si Dios nos ama a pesar de nuestro pecado y cualidad intrínseca de no ser amados, nosotros debemos amar así a los demás — con todos sus defectos. Eso no significa que debamos ignorar el pecado en la vida de los demás, sino que significa que, cuando ese pecado esté dirigido a nosotros, sepamos perdonar como Dios nos perdonó en la figura de Cristo (Epf. 4:32) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Creo que la mayor demostración de nuestro amor hacia los demás es la predisposición a perdonarnos basándonos en el perdón que recibimos de Dios. La parábola de Jesús de los dos deudores (Mat. 18:21-35) es muy instructiva en este asunto. El primer sirviente le debía a su amo 10.000 talentos — el equivalente a 200.000 años de sueldo para un trabajador corriente — una suma imposible de devolver. El segundo sirviente le debía al primer sirviente 100 dinares — el equivalente a un tercio del sueldo de un año. En sí misma, no era una suma insignificante. La mayoría de nosotros no querríamos contraer una deuda equivalente a un tercio de nuestro salario anual, pero comparado con 200.000 años, un tercio de año es insignificante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;El mensaje de la parábola es que cada uno de nosotros es el primer sirviente. Nuestra deuda con Dios, como consecuencia de nuestro pecado, es enorme — una cantidad imposible de pagar. En contraste, la deuda por el pecado de otra persona hacia mí, aunque sea en sí misma significativa, no es nada comparada con mi deuda con Dios. Por ello, cuando alguien peca contra mí, sea de manera real, o sólo desde mi perspectiva, intento responder, “Pero Padre, yo soy el sirviente que debe 10.000 talentos”. Eso me ayuda a ver el pecado de la otra persona desde una perspectiva adecuada, y me permite perdonar de manera libre, como Dios me ha perdonado a mí. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Los lectores de ''Tabletalk ''están familiarizados hasta cierto punto con 1 Corintios 13 — el clásico pasaje sobre el amor. Pero, ¿alguna vez os habéis dado cuenta de cuantos de los términos descriptivos del amor en los versos 4-7 tienen que ver con el perdón o la compasión? El amor es, ante todo, paciente, y se expresa mediante la compasión y el perdón (ver Col. 3:12-13). No es irritable o resentido. Por eso, el amor soporta todas las cosas y resiste todas las cosas. Son maneras diferentes de expresar la misma idea — perdón y compasión. Y debemos perdonar como Dios nos perdonó a nosotros en Cristo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Por supuesto, el amor es mucho más — ya sea el de Dios o el nuestro — que perdón. Dios ha prometido no abandonarnos nunca (Heb. 13:5), satisfacer nuestras necesidades (Fil. 4:19), y hacer que los acontecimientos repercutan en nuestro propio bien (rom. 8:28). Incluso ha dicho que la disciplina que Él nos impone de vez en cuando es un signo de Su amor, porque su finalidad es hacernos participar más y más en Su santidad (Heb. 12:5-11). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;De manera similar, debemos amarnos los unos a los otros en el Cuerpo de Cristo con amor fraternal (Rom. 12:10). Esto significa que cuidemos los unos de los otros, nos animemos los unos a los otros, recemos los unos por los otros y, como es adecuado, nos ayudemos los unos a los otros materialmente (1 Juan 3:16-18). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;Obviamente, nunca podremos amarnos los unos a los otros de la misma manera, o en la misma medida en la que Dios nos ama. Podemos perdonar, pero nunca podremos expiar los pecados de los demás. Y Dios es soberano en Su amor. Él tiene el poder de expresar Su amor hasta el máximo grado de Su propósito. Nosotros no podemos hacerlo. A menudo, nuestro deseo excede a nuestra habilidad de expresar nuestro amor de una manera tangible. Pero no debemos nunca perder de vista Su amor por nosotros, ya sea como base de nuestra relación con los demás o con Él. Juan dijo, “Nosotros amamos, porque El nos amó primero” (1 Juan 4:19). Fijaos que el objeto de ese amor no está definido. ¿Juan nos dice que amemos a Dios o los unos a los otros? El contexto sugiere que es los unos a los otros. Pero creo que es posible que el Espíritu Santo guiara a Juan a dejar el objeto de nuestro amor ambiguo porque los dos son verdad. Sólo podremos amar a Dios mientras gocemos de Su amor por nosotros. Y sólo podremos amarnos los unos a los otros mientras tengamos en cuenta el amor infinito de Dios hacia nosotros. Amados, amémonos los unos a los otros porque ese amor es hacia Dios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;br&amp;gt;&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Vrsan</name></author>	</entry>

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